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Igor y yo, amor y un viaje con mascotas

Si algo me faltaba era hacer un viaje en avión con un perro. Pero no es cualquier perro. Es Igor. Voy a contarles toda mi experiencia, en primera persona. Aquí hay muchas horas de investigación, de poner el cuerpo y también muchas lecciones aprendidas.

Todo empezó gracias a mi amiga Paola y mi enamoramiento por sus “chiquitos”, como les digo a sus hermosos bulldog francés: Atila y Eglantine. Sus chiquitos tuvieron, en Francia a “mi” chiquito, cuando no lo preveíamos, un poco fuera de la fecha planificada originalmente. Igor nació 4 meses luego de que me volviera de territorio francés y a los 7 meses del embarazo de Paola. Apenas lo supe que era él, mi vaca, mi Igor, mi chiquito. Él nació con el nombre de Igor porque lo elegí hacia más de un año para ser mi compañero incondicional.

Igor iba a llegar a mi vida de alguna forma, pero en avión. Problemas logísticos mediante, como querer que viaje pero que la aerolínea que tenía que traerlo no lo aceptara ni en bodega ni en cabina, y sin ningún plan b, me armé de coraje y decidí ir a buscarlo.

Los “chanchitos” tienen problema de respiración, como todos los perros de trompa chata tipo bóxer o pekinés. No se recomienda que viajen en bodega. Es más, algunas aerolíneas ni los aceptan para no correr el riesgo. Menos a un cachorro de 4 meses. Así que me puse a investigar aerolíneas en las que pudiera viajar en cabina, conmigo. Aquí tuve que hacer un plan especial, porque tenía que poder viajar él y yo, sin dejar la billetera en el medio.

El viaje era de Buenos Aires a Toulouse, ida sola y vuelta con Igor. Tenía que ser con Tam, que permitía hasta 10 kilos en cabina, o Iberia, que permitía hasta 8, contando el bolso blando. Conseguí coordinar con las vacaciones del trabajo, fin de año, de paso conocer a Lola, la hija de Pao que para esta altura ya había nacido, y unos días para que Igor y yo nos conociéramos y entráramos en confianza. Lo logré.

Pasaje, luego de intenso monitoreo de precios, en mano, reservé su lugar. No te olvides de esto. Y, por propia experiencia, no te quedes solo con la confirmación de la agencia y hacerlo también con la aerolínea. Casi muero cuando me dicen, al segundo chequeo previo al viaje (amo confrontar versiones de los operadores de call Center) que su lugar estaba pedido pero no confirmado. No paré hasta que me juraron que Igor tenía su lugar garantizado.

Conocerlo fue amor a primera vista. Llegué y me llenó de besos. Todos mis miedos se fueron. Era una vaquita preciosa, y verlo jugar con sus padres fue una dicha. Me los a acurruqué a los tres escudada en el frío invernal de Cahors. Mientras, preparamos todo para su mudanza y el largo viaje: comida, bolso de transporte, juguetes, botella de agua, y la visita a la veterinaria para que nos diera el apto médico y el certificado de sanidad para presentar en SENASA al llegar. Pasamos una semana y nos llegó la hora de partir.

Mi chiqui estaba recién aprendiendo cuando y dónde hacer pis. Algunas veces con éxito y otras, con paciencia. Arrancamos muy temprano, a las 5 am Paola, Igor y yo nos subimos al auto rumbo al aeropuerto de Toulouse. Hacemos 200 metros e Igor se hace pis a upa mío. La pucha! No había tiempo de volver. Secado como fuese posible, y pañal-toalla de por medio, lo agarré fuerte y le hice saber que estaba todo bien, que todavía lo quería mucho, que esto recién comenzaba. Confiar. Teníamos que confiar y adaptarnos el uno al otro. Como en cualquier relación. Mirándonos a los ojos, supimos que íbamos en serio.

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No bien llegar al aeropuerto, otro pis más en cualquier lado. Sólo para testearme y probar que no me arrepentía. Me limpié, me cambié (mi plan de incluir una muda de ropa por las dudas fue muy previsible), e hicimos la fila. Llegamos primeros para garantizarnos todo el tiempo del mundo. Pagué el cargo de su viaje (100 usd) y nos dispusimos a pasar controles de seguridad para embarcar. Y ahí nomás hicimos equipo. Fue un espectáculo: paso compadrito, orejas erguidas y actitud de “aquí estoy yo, vamos de aventuras”, todo el miedo afuera. No me pidieron nada, salvo al abordar el avión que lo metí en el bolso. Primer vuelo: viajó en el bolso al lado mío y abierto. Un señor! Embobó a las azafatas y zafó. Primer tramo, superado.

Llegamos a Madrid con retraso, lo que significaba una odisea embarcar en menos de 45 minutos de una terminal a la otra. Lo logramos. Lo metí en el bolso, lo puse en un changuito y volamos. Literal.

Madrid-buenos Aires fue un placer. Otra vez, viajó en una butaca al lado mío, en el bolso abierto. Durmió todo el viaje, aunque yo estuve con los ojos bien abiertos (5 películas vi). Sólo se levantó con el aroma del catering, a lo que le di un puñadito de comida, luego de las primeras 5 horas de vuelo. Lo que sí tomó fue agua. Hay que garantizar que no se deshidraten. Ahora, la famosa pregunta: y no hizo pis? Todo calculado. Fue un equipo de primera. Paola aportó unos pañales con forma de toalla con el que forré la cucha, y otro por las dudas. Cuando sus ojitos de “hasta acá llegué, no aguanto más” se expresaron, y calculé que 8 horas era suficiente sin incidentes, le puse uno de estos extra en el bolso e hizo pis. Todo cerrado, sin desbordes, y al tacho cual bebé. Prueba superada.

Llegamos a Buenos Aires, y sólo hicimos el ingreso en SENASA. Hay pago extra por llegar fuera del horario de oficina, y es sólo en efectivo. Aviso. Luego de en pagar, entregar el certificado de sanidad y que verifiquen su chip con la documentación, llegamos. Viaje perfecto, sin ladridos ni sobresaltos, todo según lo planeado. Ahora, hogar, nuevo hogar. Hoy Igor es todo un porteño compadrito.

Recomendaciones:
1) Leer las condiciones de las aerolíneas antes de sacar el pasaje: condiciones (bodega o cabina, peso, razas, tipos de bolsos), documentación requerida y costos.
2) Todos me preguntaron, pero desde los blogs hasta la veterinaria me dijeron que no le dé nada para doparlo. No regulan la temperatura y esto es necesario para que no se mueran.
3) Si podés, que viaje en cabina. Es más seguro y viajan todos tranquilos. Como mucho, viaja a tus pies un poco apretujado.
4) No te olvides de hacer todos los trámites y documentación correspondiente. Tu veterinario te asesora.
5) Confirmá su lugar con la aerolínea directamente. Y no et cuelgues. Hay cupos tanto en bodega como en cabina.
6) Buen viaje! Contanos tu experiencia después!

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2 comentarios en “Igor y yo, amor y un viaje con mascotas

  1. Leido y simplificado perfectamente narrado me hace confirmar dia tras dia que su hijo encontro a su madre en otro continente ,y mas aun que aprender frances mi querida amiga -hermana tenia un solo fin poder comunicarte con tu chiquito en su llengua natal, para terminar tener un bulldog frances :auteticamente frances no es para todos però si para vos;feliz de que se hayan encontrado y que vayan a compartir juntos sus proximos quinze anos te das cuenta ,tu companero de aventuras ahora es el.

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