Pont Valentré

La “Francia profunda” 2: Cahors

Bonjour! Llegamos a Cahors, capital del departamento de Lot, en la región de Midi-Pyrénées, conocida por su viñas de malbec (y su relación con enólogos argentinos), las cuales están en todos los parques de la ciudad.

Viñas a la vera del río Lot y al costado del Pont Valentré

La ciudad ostenta como máximo símbolo turista el Pont de Valentré, el puente medieval mejor conservado, que data del siglo XIV y cuya leyenda tiene asociada al diablo. Algunos lo llaman “el Puente del Diablo“. Cuenta la leyenda que la construcción se hacía eterna. El intendente de la villa amenazó al maestro mayor de obras que no le iba a pagar si no concluía. Angustiado por la demora, se dejó tentar por el diablo que le ofreció terminarla a cambio de su alma. El maestro mayor de obra aceptó, pero al tiempo se arrepintió y le hizo una jugarreta al diablo, rompiendo el pacto. Éste, vengativo, sacaba todas las noches una piedra y la escondía para que no pudieran dar por concluida la obra. Hoy sigue faltando una piedra y en lo alto de una de las torres hay un diablillo en piedra que simboliza la historia.

Pont Valentré
Entrada al Pont Valentré

Es una pequeña ciudad pintoresca de unos 10.000 habitantes (la nada misma para mí), de la que amo su costumbre de hacer mercado los miércoles y sábados. Realmente es una actividad cultural y social donde, más allá de la cantidad de chucherías del tipo de La Salada que puedan encontrarse, aquí abundan los productos traídos directamente del campo por sus productores. Hay medianos y pequeños, bio y normales.

Puesto de verduras en el mercado

Aquí descubrí las zanahorias con sus tallos verdes, los rabanitos de colores, y un montón de frutas y verduras que no había visto en mi vida, o que había visto pero tocados genéticamente (más grandes y menos sabrosos). Compré frutillas recién cosechadas, duraznos blanco chatos, fruta seca, goji, cranberries, y había especias e hierbas de todos los colores, panes, aceitunas, quesos. El mercado huele a vida. Imposible perderse la “charcuterie” (o carnicería en español) con miles de cosas desconocidas, donde la carne de vaca y cerdo son algo más dentro del combo de corderos, patos, pavos y caballo, todos con su procedencia de origen para saber de dónde provienen y quién es el productor.

La carnicería (+ embutidos) rodante

Aquí también compraba mi desayuno. Y un día me puse a hojear libros y le declaré al “librero” que buscaba uno para practicar la lectura en francés. Me elegí “El salario del miedo” (que había visto la película y me había resultado gloriosa) y, cuando me dispuse a pagar, el señor me había agregado otros cuatro para ayudarme a perfeccionar mi francés. No se me fue la sonrisa en toda la mañana. Volví a la feria antes de que cerrara y le compré una planta para agradecerle. Si yo iba a tener algo de él, quería que supiese que había valorado su gesto. Hoy, con el diccionario al lado, avanzo de a poco y aprendo nuevas palabras.

La verdulería versión “hágalo usted mismo”. Para plantar y luego cosechar, te venden la lechuga, brócoli, rúcula, y demás en plantines.

Otra rutina se hizo ir al Petit Salón de thé, donde con Paola centrábamos la base de operaciones y nos instalábamos varias horas, o citábamos a la gente. Su dueño siempre me ayudaba a pronunciar mejor cada palabra, y nos consentía regalándonos un café o un macaron porque sí. Esos gestos me hicieron ir enamorándome de la Francia profunda, generosa y atenta.

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