Atardecer en Leblon

Río de Janeiro brilla aún con lluvia

Un fin de semana largo de 4 días por delante, millas disponibles, compañeras de viaje espontáneas. Destino elegido: Río de Janeiro, Brasil. Único problema: primavera lluviosa. ¡A no desanimarse! Hay de todo para hacer y una lluvia no es un impedimento para moverse. Río es una ciudad maravillosa, que encanta con su mezcla de ciudad cosmopolita y playera, donde siempre es fiesta, y donde todos sonríen.

Dónde dormir

Viajamos bajo presupuesto, pero lo mejor posible. Elegimos Leblon, el barrio más trendy junto con Ipanema, y ahí les propongo 3 hostels, cada uno con sus pros y sus contras, donde nos quedamos. Primero paramos en HI Leblon Spot Design, un adorable y pequeño hostel ubicado en el corazón de Leblon, a unas cuadras de la playa pero rodeado de excelentes bares y restaurants donde se puede comer en todos los rangos de precio, y que también está cerca de supermercados. Buena relación precio – calidad, con un desayuno magnífico con frutas (papayá, mango, sandía, melón), jugos y buenas tostadas. La mayor contra era el baño que contaba con poca privacidad y movilidad. Un hostel tranquilo, con poca gente, casi como un pequeño hotel. Muy recomendable. Volvería.

Luego estuvimos en Z.Bra, EL hostel de moda, imposible conseguir lugar. Todos quieren estar ahí. Muy moderno, con barra a la noche y ambiente chillo ut para compartir y festejar. Los pros: todo muy trendy, excelente ubicación, baños privados. El tema es lo pequeño de sus cuartos vs. la cantidad de camas que entran. Un apilamiento de gente. El único detalle a favor es que tiene gavetas para guardar cosas en la propia cama y, cuando te acostumbrás, es como un pequeño cuarto privado (si podés aislarte mentalmente del resto de tus compañeros). El desayuno está bien, pero ninguna maravilla.

Otra opción, más del estilo de hostel comunitario y mochilero pero cómodo es Che Largato Ipanema, conocida cadena de hostels. Más lugar, pero mucha gente. Bien ubicado, lindo barrio.

Qué hacer

Es infaltable la visita al Pao de Azucar y al Cristo Redentor. Por la niebla y la lluvia sólo hicimos el primero. Increíble las vistas de la ciudad y la playa. El teleférico / bondinho es mágico y vale cada centavo. Va de Praia Vermelha al Morro de Urca, donde bajás y podés sacar unas fotos panorámicas espectaculares, y luego sigue hasta la cima del Pao de Azúcar.

Se puede comer a precios accesibles en la cima. Un buen dato: las bebidas tienen un precio único las vendan donde las vendan. No remarcan como en Buenos Aires, donde en un kiosco sale $5 y en un restaurante $10. Adoré la política de tarifa plana.

Las playas. Debés conocer al menos 4 ó 5: Copacabana, Ipanema y Leblon son las obligadas. Son las típicas y es imposible dejar Río sin visitarlas. Al alcance de la mano, como comer algo con queixo o un milho quente.

Pero si te desplazás en un bondi a 30 minutos, atravesando la favela Rocinha (im-pre-sio-nan-te) y San Conrado (con sus mansiones de lujo en el morro) está Barra de Tijuca, más tranquila y abierta.

La ciudad. Los museos se los debo. Es mejor recorrer y perderse por los diferentes barrios.

Dónde comer

Les cuento lo que probé, en todas las variedades y precios.

Bibi, en Barra de Tijuca, una excelente opción para comer hamburguesas en un lugar onda surfer americano. Buenos precios, buena atención, increíbles las hamburguesas y la ambientación.

Origami, en Leblon, donde comimos comida japonesa. El suhi de autor era increíble. Un pequeño y cálido lugar, donde nos atendió el mismo chef. ¡No se lo pierdan!

Otra opción muy común es comer al peso. En la esquina enfrente a Che Lagarto Ipanema hay uno. No sé si era tarde pero no comimos especialmente bien.

Para comer algo típico como feijoadas o mariscos, en la esquina de Leblon Spot hay un restaurant encantador. ¡Ojo! Se llena de gente. Pero vale la pena la espera.

Algo que me maravilló fue que hay supermercados que abren las 24 hs., como Pao de Azúcar. Ya sabés, si tenés hambre a mitad de la noche, no lo dudes. Me traje gelatinas de maracuyá, de papaya, de liche, cereales, golosinas y galletitas.

Cómo moverse

Lo más fácil y barato para viajar del aeropuerto a la ciudad es el bondi azul, que sale R$9.- y viaja por todo el centro y luego llega a las playas a través de la costanera.

El subte es un must, del primer mundo. Se viaja cómodo y tranquilo, con aire acondicionado, y todo bien señalizado. El costo va desde R$1.10 a $3.- aproximadamente.

Los bondis con toda una aventura. Hay algunos espléndidos, con LCD, limpios e iluminados. Otros son lo básico y necesario. Te podés mover por toda la ciudad. Los lugareños son muy amables para indicar las rutas y las paradas. El boleto lo comprás arriba al boletero, que está sentado. Otro dato es que el conductor conduce y el boletero se ocupa de cobrar a los pasajeros. Acá no hay máquinas, y es en pos de mantener fuentes de trabajo. Eso sí, podés sentir que volás. Son bastante temerarios para manejar.

Otra opción son las combis, que anuncian sus recorridos. Pasan una atrás de la otra y viajás sentado. Cuestan R$5.- y no me animé a subir.

Si no, podés alquilar bicicletas. Hay bicisendas por la mayoría de las calles del centro. No lo hice pero me quedé con las ganas.

No se pierdan Río. Un pequeño bolso con mallas y protector basta. O un paraguas y havaianas.

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